El Camino del Amor

por Joaquín A. Izquierdo Mc Dougall

Cuando un hombre y una mujer se encuentran y se sienten atraídos el uno por el otro, tienen ante sí una decisión que hacer respecto a la calidad de la relación que aspiran a desarrollar. Cada uno de los miembros de la pareja ha de guiar, mediante sus actos, la relación hacia un fin. Si no se ha hecho decidido sobre ese fin al cual se quiere orientar la relación, lo casi seguro es que se dependa de lo que el otro haya decidido. Si ninguno de los dos a decidido qué modelo de relación se procura construir, la misma se verá entonces sometida al gobierno de fuerzas externas a la pareja, como los instintos, las influencias de las personas con quienes se juntan o los modelos que proponen los medios de comunicación social de modo ciego sobre la conducta humana.

La relación entre un hombre y una mujer puede orientarse hacia el bien mutuo o hacia la búsqueda del bien propio. Si se orienta hacia el bien mutuo, cada miembro de la pareja elige un camino que le lleve a establecer una comunicación sin trampas ni trucos en la que prevalezca la valoración del otro, el respeto y el control de las tendencias egoístas superadas por el esfuerzo de tomar al otro siempre como sujeto digno y nunca como objeto de mis deseos.

En cambio si se inicia una relación que procura el bien propio, la misma se dedicará a buscar -consciente o inconscientemente- obtener algún placer, beneficio o ventaja. La misma estará impulsada por lo que se aspira. En el caso de una relación en la que se experimenta la fuerza de la atracción, se encaminará la misma por el camino de la pasión que aquí le llamamos la ruta del grajeo.

El camino del amor exige de la persona el dominio de sí mismo, la estimación del otro y la aspiración al Bien y a la Verdad como principios en sus relaciones. El que desea recorrer ese camino toma control de sus impulsos sexuales y los convierte en fuerza que le motiva a buscar cómo expresar el cariño y comunicar la ternura sin colocarse en función del placer que pueda obtener de sus contactos. Sus palabras, sus gestos, sus acciones se orientan a expresar el cariño sin contaminarlo con la búsqueda de la gratificación para si. Esta expresión de amor sin contaminación es la pureza.

La fuerza de la atracción que se ve orientada a desarrollarse dentro de ciertos controles empuja a buscar maneras para comunicarse de modo profundo y abierto con el otro, convirtiéndose en el motor que mueve a la pareja a desarrollar destrezas de comunicación verdadera.

Mientras más se aprende a comunicar ideas y sentimientos, más compenetración y estimación mutua se cultiva. Ese aumento en el conocimiento mutuo y la profundidad del afecto que encuentra acogida sin trampas aumenta la autoestima de cada miembro de la pareja. El gozo deser valorado y acogido sin tener que pagar por ello y sin apariencias impulsa hacia una actitud de defensa del otro (actitud de custodio de su alma = anima cust = amicus = raíz latina de la palabra amistad).

En razón de esa actitud de cuidar al otro de los riesgos de perder su valor nos lleva a una relación que se abre a los otros para evitar los peligros del encerramiento y de la falta de crítica externa. Las relaciones del grupos de parejas que desean vivir su dinámica por el camino del amor les comprometen más explícitamente y les obliga a revisar sus conductas más honesta y críticamente.

Es así que se cultiva un ascenso en la búsqueda de mayor profundidad en la relación. Esa mayor hondura requiere el aprender a tomar decisiones comunes, elaborar proyectos en lo que ambos aportan lo suyo integrado. Para lograr ese nivel de comunicación hay que aprender a asumir decisiones que tomen en cuenta al otro y a sus necesidades. Esto requiere desarrollar tolerancia al sacrificio, control de las emociones y esfuerzo para entender las cosas según los esquemas de la otra persona en la pareja. En este paso es que la amistad se consolida y se empieza a considerar en serio las posibilidades de proyectos futuros comunes: casarse o no, vivir en “x” o “y” lugar, trabajar los dos o no, cómo bregar con las relaciones de los diferentes familiares, como organizar la economía en común, como bregar con las diferencias en el temperamento de cada uno, como se desea que sea el futuro de cada uno. Todo lo logrado en las etapas previas del camino se convierte ahora en fortalezas indispensables para superar las exigencias de este proceso de aprender a decidir en común.

Según se progresa en esa dinámica, se va conformando una relación de pareja en la que el nosotros es más fuerte que el YO y el TU separados. Esa realidad psicológica del NOSOTROS es la que permite que se complete la sublimación erótica. Cuando la pareja se comunica abiertamente su alto grado de deseo y atractivo mutuo y se proponen vivir esa intensidad del atractivo en el proyecto de construir ese nosotros según el orden de la castidad se ha iniciado la dinámica que conduce a una relación sexual completa (la sexualidad matrimonial). La pareja que decide vivir su relación con gobierno de sus apetitos e impulsos sexuales y camina los pasos previos, llega a este momento con una aspiración focal: llegar a ser uno totalmente.

Ésa aspiración los mueve a caminar el resto de ese camino en función de poner la base para una vida matrimonial. Esa bases dependen de la toma de decisiones sobre el futuro como matrimonio y establecer una especie de contratos sobre lo que se propone construir. Para lograr identificar los temas de esos contratos la pareja inicia la búsqueda de información sobre la vida matrimonial para ir iluminando su proyecto. La fuente primaria de esa información debe ser el contacto con aquellos matrimonios cuya relación exprese conductas valiosas que se desean invitar.

Ya para esta etapa del camino la relación se mueve en el área de la comunicación. La base de la amistad es la única plataforma sólida para entrar en el proceso de construir una familia sólida en el amor. De la amistad se puede transitar con seguridad hacia el noviazgo verdadero.

Cuando los contratos entre la pareja quedan establecidos y llegan a ponerse de acuerdo en los asuntos importantes, se va acercando el momento del compromiso. Es el último de los paso para que el amor llegué a la expresión total que es el coito. El compromiso marca con un anunció el nacimiento de una relación madura y fructífera que ha venido gestando a lo largo del tránsito por el camino del amor.

En ese caminar la relación ha sido cuidada de no contaminarse con otras intenciones que no sean las de buscar cada uno el bien del otro (conservar la pureza). Si negar el impulso del atractivo sexual y sin reprimirlo o permitir su expansión sin control, se ha orientado su energía hacia un fin superior: construir un NOSOTROS en el que en TU y el YO puedan reconocerse mutuamente.

La sexualidad de esta pareja será el instrumento unitivo mediante el cual se comunican y reciben algo totalmente valioso: la persona del otro. Se trata de una dinámica de relación sexual que es superior al contacto genital. Una sexualidad integral que incluye toda la dinámica mediante las cuales el cariño y la ternura se expresan fundados en la comunicación completa, abierta y continua de la pareja.

Contrario a lo que muchos plantean, la relación sexual nace de la relación y no al revés. Por eso la mejoría en la calidad de las relaciones hace de la experiencia sexual de la pareja algo más completo y plenifícante, pero todos los esfuerzos para mejorar la capacidad sexual de la pareja fracasan si no se mejora la dinámica de la comunicación entre la pareja.

El camino del amor es el que han transitado aquellas parejas que han podido alcanzar una relación sexual verdaderamente plenificante. Incluso aquellos que a veces por falta de apoyo suficiente toman desvíos que les retrasan o desorientan, cuando hacen los esfuerzos que se requieren para volver al camino del amor , logran sanarse de sus debilidades y construir esa relación basada en el amor.

En el amor verdadero la pasión es componente enriquecedor de la vida matrimonial. Pero la pasión o el deseo sexual, por sí mismo, no ofrece lo que se requiere para mantener viva, creciente y estable una dinámica de pareja. La pasión es una parte del todo que eventualmente requiere de otros elementos para poder profundizarse. Cuando esos otros elementos faltan, las exigencias de la vida común agotan la energía que la pasión genera y la desactivan.

Se puede entender lo dicho pensando en un automóvil. Su batería (similar a la pasión) da energía que puede hacer que el auto arranque. Una vez en movimiento el generador (el amor verdadero) tiene que proveer la energía para recargar la batería y permitir que el carro funcione. La batería puede moverlo por un tiempo, pero se va agotando hasta que lo hace detenerse.

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