por Joaquín A. Izquierdo Mc Dougall

La Ruta del Grajeo

Grajeo es una palabra de creación popular nacida en el mundo juvenil para designar el conjunto de actividades físicas mediante la cual se logra la estimulación sexual sin llegar al acto.

El grajeo es un juego erótico cuyo objetivo es obtener el máximo de gratificación física y emocional mediante la estimulación de las sensaciones sexuales que se logra en el intercambio intenso y prolongado de caricias. Se trata de una desviación de la sana conducta sexual en la que se desconecta el preludio (preparación al coito) del coito mismo. Se inicia con el rapeo y se desarrolla básicamente con los besos de lengua.

Cuando la relación de una pareja no se orienta con voluntad expresa por el camino del amor, lo más probable es que tienda hacia la avenida del grajeo. La atracción mutua es orientada por los instintos con mínimo de racionalidad. Se funciona igual que los animales, respondiendo ciegamente a los impulsos dictados por el cuerpo. Así, cuando se llega al momento de tomar una decisión sobre esa relación que nos atrae y despierta nuestros impulsos eróticos, nos encaminamos por la ruta del grajeo.

El primer paso en ese camino es el rapeo. Nuestros gestos y palabras se ven animados por la fuerza del deseo que acumula ansiedad. Queremos buscar la manera para invitar a la pareja a dar rienda suelta al gusto y responder sin control al impulso ciego que nos atrae. El objetivo del rapeo es siempre lograr la caricia, el contacto físico tenso que calme el ansia por unirnos en un solo YO con esa pareja. El rapeo propone una vía fácil, corta y gratificante para superar la distancia que nos separa. Desgraciadamente ese camino es falso y sólo puede ofrecer la ilusión de caminar hacia el amor. Igual que la moneda falsa, hace creer a uno que es rico, pero es una ilusión que imita la realidad.

Cuando el rapeo alcanzar su proyecto, el contacto físico se inicia. Las caricias que buscan explícitamente calmar la sed de quien las ofrece o aumentar la sed de quien las recibe no son expresiones de cariño o ternura sino actos del egoísmo de quien no se conforma con su soledad. Muchos son engañados por una mentira establecida por los medios de comunicación social en la cual el amor es ese intercambios de caricias que vemos cada vez que el amor se trata la televisión, el cine, fotos. Junto a esa mentira se incluye otra que refuerza la primera: Que a mayor amor, mayor pasión; y que a mayor pasión, mayor gozo.

Esos esquema son trampas que proponen como modelos de relación conductas artificiales creadas por libretistas y realizadores, dejando fuera los elementos totales de la vida cotidiana y fabricando una fantasía que sustituye a la vida real. La vida sexual que se presenta en los medio de comunicación no es como la verdadera. Las conductas que allí se presentan son imaginaciones o excepciones a lo que se da en la vida real. N o sirven como modelo porque no son verdad.

Pero soñando con esos esquemas, nos lanzamos a reproducirlos para lograr iguales situaciones imposibles.  El grajeo se inicia como conducta de la pareja y el camino se hace más hondo, la ansiedad aumenta y la relación va haciéndose más y más focalizada hacia esos y intercambios de caricias que encienden nuestros fuegos.

Como quien pretende apagar fuego echando de gasolina o calmar la sed bebiendo agua salada, el camino del grajeo no tiene fin. Se ahonda el ansia en lugar de resolverse y muy pronto las caricias llevan a más y más contactos íntimos.  El deseo de ir más lejos, de lograr más contacto y de recibir de la pareja menos y menos resistencia se convierte en motor de la dinámica.

No es de extrañar que en el grajeo se quiera pasar de los besos y abrazos intensos y prolongados al contacto con las areas genitales y a las caricias por debajo de la ropa, dado que el beso de lengua es el inicio físico, psicológico y social del coito. La preparación del acto sexual o preludio se inicia con la estimulación por vía oral que el peso de lengua produce.  Para quienes entienden el acto sexual como una actividad que requiere amor conyugal como garantía de su validez, el beso de lengua sólo tiene un marco en el que se hace éticamente aceptable: el matrimonio.

El grajeo alcanza su máxima máximo de posibilidad cuando ocurre la desnudez en la relación de pareja. La tensión erótica llega a un nivel en el que ambos en la pareja están actuando con disposición total a los impulsos hormonales de la genitalidad.  La fuerza que los guía es la del estro (ardor sexual de los mamíferos) y su razón y voluntad y están sometidas o apagadas.

A esta altura del camino la pareja ya empieza a descubrir los efectos de la ruta asumida en su relación. El predominio de la gratificación física siembra dudas sobre la estimación que tiene el otro de mí.  ¿Me quiere y me busca por quien soy o por lo que obtiene de mí? ¿Aprecio mi pareja por su valor personal o por la gratificación que recibo?  Un proceso de relación que depende del placer cada vez más intenso hace sentir el peso de la culpabilidad pues la comunicación profunda ha sido sustituida por el disfrute.  Cada uno en la pareja se sabe también atraído hacia otras persona y descubre que la fuerza de la atracción sexual no es capaz, por sí sola, de unirnos de modo profundo y verdadero.  La falta de controles en la relación nos suscita reclamos a nosotros y a los otros para lograr lo que es grajeo no logra: comunicarnos, conocernos, comprometernos con el bien común.

Si se sigue por ese camino, el próximo tramo es el de lograr resolver la tensión sexual acumulada.  Con mucha frecuencia se desea posponer el coito en sí y se buscan atajos para resolver la ansiedad sin llegar a culminala. Los juegos masturbatorios hacen su aparición para hundir más la posibilidad de una relación orientada hacia el bien del otro sin contaminarse con el interés y el egoísmo individual. La masturbación es desorientación del atractivo erótico para sustituirlo por una imitación de la gratificación sexual.  Es una manera de desconectar el sexo del amor y lograr la gratificación del coito sin tener que ofrecerse al otro.

Ya atrapado por la dinámica de la pasión, el camino inclina hacia la búsqueda de una relación sexual que produzca la totalidad de la estimulación pero si las consecuencias lógicas y naturales que sólo el amor verdadero puede aceptar. Los recursos contra conceptivos permiten una manera artificial de realizar el acto sexual sin que se tenga que hacer los esfuerzos de comunión que el amor exige.  Ya para este momento la relación de la pareja ha degenerado en un proyecto orgásmico sin otro propósito más que el usar la persona del otro en función de la gratificación individual.  Han perecido aquí: la apertura a ser uno con el otro, a una relación procreativa de la vida como confirmación del nosotros que forma la pareja, la disponibilidad a portar la totalidad de cada cual para construir una familia (comunidad de personas que se aman y enseñan a amar con el testimonio de su amor).

Cuando se llega al coito (sin compromiso) la relación de la pareja está muerta al amor.  El camino recorrido ha ido agotando la batería al moverse dependiendo de su carga.  Algunos se casan, incluso ilusionado con lograr una relación profunda y duradera, pero la anémica condición de su dinámica pronto deja ver sus consecuencias.  La inmensa mayoría fracasa en el intento y los que logren el proyecto dependerán de ayuda externa y extensa para sanarse.

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